No recuerdo a qué hora llegué a mi casa, pero me acuerdo que a las dos de la mañana ya estaba yo acostado. No habré llegado mucho antes. Me quedé dormido como a las cuatro porque estuve viendo videos con mi hermana en el iPod.
Me levanté a las seis de la tarde, catorce horas después. Estaba destrozado. Todavía tenía los ojos hinchados de llorar. El día anterior había llorado más que en los últimos diez años. Y lloré en tu hombro, el hombro de mi mejor amiga, del amor de mi vida, de mi sueño hecho realidad. Tu hombro, entre tu cabello y tu bufanda, con tu mano acariciándome el cabello.
Estaba destrozado. Al moverme sentía dentro de mí los escombros.
Pero tengo fe. En mí mismo.
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