Una de las lecciones más importantes que me ha dado mi ya no tan corta vida es que ideologías y estilos de vida hay muchos. Que diferentes mentes tendrán, siempre, diferentes prioridades y diferentes metas. Y que estas no pueden transferirse de un individuo a otro: no puedo esperar de una persona algo en base a mis propias metas y objetivos, hacer tal cosa es sencillamente absurdo.
Esperar que lo que para uno es “un trabajo decente” lo sea también para alguien más es arrogante, estrecho de mente y estúpido. Esperar que el concepto que uno tiene de “vida feliz” aplique para el resto del mundo es egocéntrico y risible.
Diferentes seres humanos, diferentes ideas. No hay dualidades, hay matices infinitos.
Se preguntarán por qué escribo semejantes obviedades. Fácil. Para algunas personas pareciera que no es tan obvio. Algunas personas parecen batallar mucho para darse cuenta de que los demás tienen diferentes metas, diferentes objetivos, diferentes deseos, diferente visión, diferentes pasiones, diferentes conceptos de lo que es una vida feliz y plena.
Vivan su vida. Vivan sus pasiones. Vivan sus deseos y alcancen sus metas. No las impongan sobre los demás. No cometan el error de querer que los demás sigan los paradigmas que son solamente de ustedes. Jamás cometan este error con nadie. Mucho menos con las personas que aman.